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Entorno económico

Recuperación de la economía mundial durante 2010 que, no obstante, no ha sido homogénea por regiones.

Durante el año 2010 la economía mundial se ha recuperado de la importante caída experimentada en 2009. Así, tras un retroceso del PIB global del 0,6% en 2009, se ha pasado a un crecimiento del 4,8% en 2010, cifra no muy alejada de las observadas en los años inmediatamente anteriores al inicio de la crisis en el verano de 2007. Sin embargo, la recuperación económica no está siendo homogénea por regiones. Las economías emergentes, particularmente las de Asia y Latinoamérica, son las que están mostrando un avance más robusto y se están configurando como soportes del crecimiento global.

Tres elementos han venido a dar forma a la evolución económica de las distintas zonas.

En primer lugar, el centro de atención ha continuado estando en el grado de tensión de los mercados financieros y en las distintas medidas que las autoridades tomaban para contrarrestarlo. Ahora bien, a diferencia de lo ocurrido en 2009, en 2010 el origen y desarrollo de los problemas ha estado más acotado en Europa y, en concreto, en los mercados de deuda pública, aunque las tensiones en determinados momentos se hayan contagiado a otras regiones y a otros activos. En el mercado se ha consolidado el cambio desde la conveniencia de estimular la actividad mediante políticas fiscales hacia la necesidad de garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas. En este sentido, los países periféricos de la zona euro han resultado los más afectados, ya que algunos acumulaban un elevado desequilibrio en sus cuentas públicas y reducidas perspectivas de crecimiento. De esta forma, en la primavera de 2010, se acordó el establecimiento de un mecanismo de estabilización europeo y Grecia fue el primer país sobre el que se puso en marcha un plan de “rescate” entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE).

Las dudas sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas en otros países europeos y sobre el estado de algunos segmentos del sistema financiero europeo dieron lugar a un intenso fenómeno de contagio, que cerró de facto los mercados. La gravedad de la situación hizo tomar conciencia de la necesidad de llevar a cabo medidas más decididas. En este sentido, todos los gobiernos europeos presentaron planes de consolidación fiscal, posteriormente reforzados, con el objetivo de alcanzar un déficit del 3% alrededor de 2013. Estos planes, en su conjunto, han permitido una cierta diferenciación entre los distintos activos. Las medidas de consolidación fiscal fueron acompañadas por otras estructurales en aquellos países más afectados por problemas de competitividad y de necesidades de financiación.

Los resultados de los tests de estrés han confirmado la buena salud del sistema financiero español.

Sin embargo, en el verano de 2010, las tensiones volvieron a recrudecerse, especialmente por las renovadas dudas sobre el sector financiero europeo. Las autoridades reaccionaron con la publicación de pruebas de resistencia del sistema financiero ante un escenario poco probable, pero de gran impacto. Los resultados confirmaron la buena salud general del sistema financiero europeo, al tiempo que quedaron muy acotados los problemas de solvencia. Estas pruebas de resistencia fueron particularmente exigentes en el caso del sector financiero español, tanto por la cobertura (la práctica totalidad del sistema) como por la severidad de los supuestos de partida, reforzando la credibilidad del ejercicio español y quedando demostrada la solidez del sistema y la presencia de varias de sus instituciones financieras entre las de mayor solvencia de Europa. Sin duda, estos resultados permitieron la gradual apertura del mercado y la posterior diferenciación de activos.

No obstante, hacia finales de 2010, las tensiones volvieron a reaparecer, esta vez por problemas

de naturaleza bien distinta, en Irlanda y en Portugal. Las cuentas públicas de la economía irlandesa se encuentran amenazadas por las ingentes inyecciones de capital que su sistema financiero, con problemas declarados de solvencia, ha requerido, y que podrían estimarse en el entorno del 30% de su PIB. Finalmente, Irlanda ha necesitado de un plan de ayuda por parte del FMI y la UE. En la economía portuguesa, por el contrario, las debilidades del sistema financiero son más de liquidez que de solvencia, pero sus cuentas públicas presentan aún dificultades para cumplir con los objetivos previstos, al tiempo que persisten las dudas sobre el crecimiento potencial de la economía. Además, las tensiones se vieron espoleadas por las incertidumbres existentes sobre los nuevos mecanismos de “gobernanza” europeos y, en particular, por los detalles que tendrá el nuevo y permanente mecanismo de reestructuración de deuda soberana vigente a partir de 2013, una vez expire el marco actual aprobado en mayo.

En Estados Unidos no se espera una recaída en recesión, sino una desaceleración suave.

El segundo elemento que ha dado forma al ejercicio 2010 han sido las dudas cíclicas existentes sobre la economía de los Estados Unidos y la respuesta dada en términos de política económica, tanto la expansión monetaria emprendida por la Reserva Federa (Fed), conocida como quantitative easing 2 (QE2), como nuevas medidas fiscales expansivas. La rápida recuperación que el país mostró a finales de 2009 perdió intensidad a comienzos de 2010, aunque ha mantenido durante todo el año un cierto dinamismo, lo que le ha permitido crecer, en términos promedios, cerca de un 3% en 2010. Esta pérdida de intensidad fue el reflejo de una demanda privada que se mostró débil a medida que se iban retirando los estímulos fiscales de 2008 y 2009, lo que hizo que surgieran temores a una nueva recesión (double-dip), escenario que luego los datos y las actuaciones de política económica han descartado. Aún así, la recuperación se encuentra todavía muy limitada por tres factores. En primer lugar, por la suave pérdida de dinamismo en el mercado inmobiliario a medida que expiran los programas de estímulo a la compra de viviendas; en segundo lugar, por la debilidad del mercado laboral; y, por último, por el proceso de desapalancamiento en el que continúan inmersos los hogares. Estados Unidos sigue, de momento, relativamente aislado de la presión a favor de la consolidación fiscal. Con todo, el principal impulso de política económica en la parte final de 2010 provino de la Fed, que inició un nuevo programa de expansión monetaria que ha provocado inicialmente una presión a la baja sobre los tipos de interés y una significativa depreciación del dólar. En todo caso, hacia delante, no se espera una recaída en recesión sino una desaceleración suave desde los altos ritmos de crecimiento alcanzados a finales de 2009 y comienzos de 2010.

Por último, 2010 ha venido también marcado por los efectos colaterales de las políticas económicas laxas de las economías avanzadas, en particular la monetaria, dando lugar a crecientes dilemas en las economías emergentes de Asia y de Latinoamérica. Estas economías han recuperado con rapidez los niveles de crecimiento y producción que registraban con anterioridad a la crisis, y apenas han notado signos de desaceleración, pese a que las autoridades han introducido medidas para evitar el recalentamiento económico, particularmente en los países más afectados por elevados crecimientos de los precios de algunos activos. En este sentido, la nueva expansión monetaria en Estados Unidos introduce un coste añadido, en tanto que la depreciación del dólar supone un mayor incentivo hacia activos de mayor riesgo, y algunas de estas economías se enfrentan a crecientes flujos de capital que presionan, adicionalmente, sobre los tipos de cambio. Como consecuencia, en algunos países se han introducido medidas para limitar las entradas de flujos de capital y ralentizar el crecimiento del crédito.

Asia y Latinoamérica han recuperado sus niveles de crecimiento y producción.

Aun así, en América del sur el crecimiento continúa siendo muy robusto, con un PIB para la región que cierra 2010 con un avance por encima del 5%. La demanda privada está sustituyendo a los estímulos de las políticas económicas como principal fuente de la recuperación. La inflación, pese a tener una tendencia moderadamente al alza, continúa sin ser un problema. En China, los últimos indicadores de actividad apuntan hacia la existencia de un impulso positivo renovado junto con un alza de la inflación, lo que ha llevado a una subida tanto de los ratios de reservas como de los tipos de interés, en una señal clara de compromiso por el rebalanceo de su economía que, aun así, en 2010 creció un 10,3%.

Por su parte, la economía mexicana, durante la primera mitad de 2010, se benefició de la recuperación de la demanda externa en Estados Unidos. A lo largo de la segunda mitad del año, México mostró una resistencia a la pérdida de tono de la demanda exterior, ya que el menor arrastre de la economía estadounidense se vio compensado por un mayor empuje de la demanda interna, lo cual se refleja en una desaceleración de sus tasas de crecimiento menos intensa de lo esperado, que sitúa el incremento en 2010 en el entorno del 5%. La inflación cierra en niveles históricamente bajos, del 4,4%, resultado de la apreciación del peso, el moderado comportamiento de los precios internacionales y la falta de presiones de la demanda doméstica. Con ello, cabe esperar el mantenimiento de la pausa monetaria, al menos, a lo largo de todo 2011. Finalmente, en un entorno financiero global enfocado en la sostenibilidad fiscal, el compromiso con el equilibrio presupuestario es una fortaleza diferencial de la economía mexicana.

Para 2011 se consolidará la recuperación económica, aunque con una cierta desaceleración.

Por último, en Turquía, la recuperación económica se ha confirmado en 2010, con un crecimiento del 7,6%, y una inflación ligeramente por debajo del objetivo del Banco Central, al tiempo que se ha acelerado el ritmo de reducción de la deuda pública. En este contexto, el Banco Central ha bajado el tipo de interés oficial y ha controlado la evolución del crédito con aumentos de los coeficientes de reservas para depósitos a corto plazo.

Por lo que respecta a los tipos de interés de largo plazo, tanto en Estados Unidos como en Europa, se han movido de forma consistente con la percepción de la fortaleza de la recuperación cíclica. Durante el segundo y tercer trimestres la tendencia fue bajista, mientras que en el cuarto trimestre, conforme las sorpresas positivas en actividad redujeron los riesgos de una nueva recesión (double-dip) y comenzaron a sugerir una recuperación, la tendencia fue alcista. Se estima que la continuidad de las políticas de tipos de interés oficiales bajos en los países desarrollados limite los movimientos alcistas de las curvas de rentabilidad de la deuda pública en los próximos meses.

En el mercado de divisas, el dólar mostró una tendencia de moderada depreciación frente a las monedas asiáticas y latinoamericanas durante el año, que fue interrumpida durante mayo por la mayor aversión al riesgo (efecto refugio), pero retomada a partir de junio y favorecida tras el verano, después de anticiparse mayores compras de activos por la Fed (QE2). El euro se depreció significativamente frente al dólar durante la primera mitad del año. Las mayores tensiones en la periferia europea, nuevamente, lo debilitaron en la segunda mitad del ejercicio. Con todo, en el promedio anual, el dólar se apreció un 5,2% frente al euro. Esta combinación de debilidad del euro y fortaleza de las divisas de emergentes frente al dólar se tradujo en un comportamiento, en conjunto, favorable de las monedas de mayor peso en los estados financieros de BBVA, con apreciaciones importantes de las de México, Colombia, Perú y Chile. En consecuencia, el efecto del tipo de cambio en la comparación interanual de los resultados es positivo, a pesar de la devaluación del bolívar fuerte venezolano. En cuanto a la evolución de los tipos de cambio finales, existe una depreciación del bolívar fuerte venezolano por la devaluación sufrida a principios de año. El resto de monedas con impacto en el balance del Grupo se han apreciado, por lo que su efecto es positivo en las masas de balance y de actividad. Para 2011 se prevé que siga la tendencia apreciadora del dólar respecto al euro, mientras que las divisas emergentes tienen espacio de apreciación frente a la moneda estadounidense.

En cuanto a las perspectivas para el año 2011, se espera que la recuperación de la economía mundial continúe consolidándose, si bien el escenario más probable es de una cierta desaceleración. En este sentido, el ascenso del PIB mundial podría situarse en el entorno del 4,4%, lo que supone apenas unas décimas menos que en 2010. Este crecimiento será heterogéneo y, en la mayor parte de las economías avanzadas, sujeto a riesgos e incertidumbres todavía no despejadas. Dentro de las economías avanzadas, Estados Unidos seguirá a la cabeza del crecimiento. Pese a que algunos factores todavía limitan el incremento de la demanda privada (sector inmobiliario, rendimiento del mercado laboral y proceso de desapalancamiento) y dificultan la capacidad para retornar a incrementos próximos a su potencial, en 2011 se espera un avance del PIB del 3%. Por su parte, en Europa, aunque algunos países han sorprendido con sus buenos resultados (singularmente Alemania), se espera un crecimiento modesto, del 1,7%. En cuanto a la economía española, que ha estado estancada durante 2010, podría iniciar un proceso de crecimiento que, en todo caso, será débil e insuficiente para crear empleo. Las previsiones apuntan a un ascenso del PIB ligeramente por debajo del 1% (–0,2% en 2010). En las economías emergentes el avance seguirá siendo robusto. Asia, con China a la cabeza, nuevamente será la región de mayor crecimiento, que se mantendrá superior al 6%, para el conjunto de Asia, y por encima del 9% en China, cifras muy saludables en la medida que se puedan reducir los riesgos de inflación y sobrecalentamiento. En Latinoamérica se mantendrá el dinamismo de estos años, con una mayor contribución de la demanda doméstica en un entorno de precios de las materias primas favorables. Para el conjunto de la región se espera un crecimiento por encima del 4%, y para México del 4,3%. Finalmente, la economía turca mostrará todavía en 2011 un gran dinamismo, con un avance del 4,5%.

Tipos de interés

(Medias anuales y trimestrales)

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    2010   2009
  Año
2010
4o Trim. 3er Trim. 2o Trim. 1er Trim. Año
2009
4o Trim. 3er Trim. 2o Trim. 1er Trim.
Tipo oficial BCE 1,00 1,00 1,00 1,00 1,00 1,25 1,00 1,00 1,10 1,92
Euribor 3 meses 0,81 1,02 0,87 0,69 0,66 1,22 0,72 0,87 1,31 2,01
Euribor 1 año 1,35 1,52 1,40 1,25 1,22 1,61 1,24 1,34 1,67 2,22
Deuda a 10 años España 4,28 4,73 4,23 4,19 3,95 4,02 3,83 3,92 4,16 4,17
Deuda a 10 años EEUU 3,19 2,86 2,77 3,47 3,70 3,24 3,45 3,50 3,30 2,70
Tasas fondos federales EEUU 0,25 0,25 0,25 0,25 0,25 0,25 0,25 0,25 0,25 0,25
TIIE (México) 4,91 4,87 4,91 4,94 4,92 5,89 4,93 4,90 5,89 8,00

Tipos de cambio

(Expresados en divisa/euro)

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Cambios finales Cambios medios

31-12-10 % sobre 31-12-09 31-12-09 % sobre 31-12-08 2010 % sobre 2009 2009 % sobre 2008
Peso mexicano 16,5475 14,4 18,9222 1,6 16,7372 12,3 18,7988 (13,3)
Dólar estadounidense 1,3362 7,8 1,4406 (3,4) 1,3257 5,2 1,3948 5,4
Peso argentino 5,4851 1,3 5,5571 (11,5) 5,2686 (0,1) 5,2649 (10,6)
Peso chileno 625,39 16,8 730,46 21,3 675,68 15,1 777,60 (1,9)
Peso colombiano 2,557,54 15,0 2,941,18 6,3 2,518,89 18,2 2,976,19 (4,0)
Nuevo sol peruano 3,7528 10,9 4,1626 4,9 3,7448 11,9 4,1905 2,4
Bolívar fuerte venezolano 5,7385 (46,1) 3,0934 (3,4) 5,6217 (46,7) 2,9950 5,4
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